Ayer me recomendaron, de una manera medio azarosa, que fuera a cenar a La Carreta de La Verito (por favor no juzguen prematuramente al local por su sitio web), un restaurante de comida típica en Limache, a unos 20 kilómetros de Quilpué, donde estoy alojando por esta semana. “¿Y cuál es la especialidad?”, pregunté, esperando que la respuesta no fuera “mariscos”. “Carne al barro” fue la sorprendente respuesta. Intrigado y hambriento, partí a Limache.
El local se encuentra en una zona residencial, relativamente lejos del centro (digo relativamente porque Limache no es muy grande). No había mucha gente, tal vez porque era un poco tarde, y pude estacionar justo al frente de la puerta de entrada. Una vez sentado, y ya pedida mi porción de carne al barro, esperé mientras llegaba el correspondiente pan amasado con pebre.

Pan amasado caliente y mayonesa de receta casera.
El pan, fresco y aromático, estaba caliente, pero no lo suficiente como para que molestara. Además del pebre, que, en palabras del mozo, estaba “equilibrado”, venía un poco de mayonesa de receta casera. “El pan también es hecho acá, por supuesto”, me explicaban.
De hambriento devoré el pan a una velocidad no muy alta, pero mayor a la que uno acostumbra cuando quiere disfrutar con calma. Mientras tanto, y a la espera de la carne, se asomó quien sólo podía ser La Verito, posiblemente para hacer justicia del slogan que rezaba en una pancarta en la vereda: “atendido por su dueña”.
Aquella fue la primera de muchas apariciones de personal del local para preguntarme si todo estaba bien. Además, conversamos un poco de la vida, de cómo había llegado hasta allá, y de qué es lo que estaba esperando de la carne, que ya me depositaban en la mesa.
Tenía la idea de que estaría blanda, pues eso suele ser un fuerte motivo que hace que la gente quiera volver a un restaurante cuyo precio podemos clasificar sin titubeos como “sobre el promedio”, sobre todo considerando que está bastante a trasmano, lejos del centro de Limache, que a su vez está lejos de urbes mayores, como Santiago o Viña del Mar.
Sin embargo, nada me había preparado para el éxtasis de mis glándulas salivales cuando confirmé que podría prescindir completamente de cuchillo. La carne prácticamente se desarmaba al más suave de los toques, lo que incluso hacía difícil pincharla con el tenedor. En la boca se distribuía el sabor de la buena preparación con una lejana textura terrosa, aunque esto puede deberse simplemente un reflejo inconsciente ante las palabras “al barro” que definen el nombre del plato. Además no estaba salada, como tampoco lo estaban las papas mayo o el pan, es decir, no se valen del subterfugio de presentar una carne común con pompa y boato para engañar a los ojos con un filete digno de los Picapiedra, ni al paladar poco acostumbrado con aliños. Mucho menos se valen del recurso un poco más chabacano de excederse en la sal, algo que sólo puede atraer a aquellos que, a juzgar por la curva que las camisas y poleras forman sobre su estómago, son declarados unánimemente como “guatones parrilleros” por sus familiares y amigos.
A pesar de haberme satisfecho con los manjares antes mencionados, no podía dejar de probar la torta de chirimoya alegre de la que me habían hablado el mozo y la dueña, quien, por lo que me contaron, cocina platos y prepara postres. Y debo decir que lo hace con una mano envidiable.
Imaginen la mejor torta que han comprado en el Jumbo, y todavía no es suficiente (lo cual es decir bastante, pues la pastelería del Jumbo es bien buena, hay que decirlo). El dulzor, que no era excesivo, me hizo entrar en un estado de relajación que me habría hecho levitar si no fuera porque mi estómago iba más bien pesadito.
Al acostarme, cuando llegué a la casa, me quedé dormido como niño después de un día de campo con piscina. Desperté hoy, todavía satisfecho, aunque mi billetera haya quedado ligeramente herida.


Me dio hambre u.u
Para nosotros es muy importante que usted haya tomado en cuenta la calidad de nuestros productos y atencion que le entregamos . Puesto que nos fue muy grato haberlo atendido nuevamente el dia Sabado con sus acompañantes rusos .
Es de esperar que haya sido satisfactoria la atencion como lo fue la primera vez que nos visitó, ya que para nosotros es muy importante saber la opinion y las criticas de los comensales para poder crecer y prestarles un mejor servicio a las personas y empresas que nos soliciten.
Aqui estaremos esperando nuevamente a todos los que nos quieran visitar a ” La Carreta de la Verito “, (la picá de mantel largo).
Se le agradece su reconocimiento y dedicacion al habernos publicado en su pagina web.
Le deseamos la mejor de las suertes para sus proyectos futuros.
Ante mano Maria Angelica Mena
(La Verito) y colaboradores.